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Escuchen el reportaje radial de Radio Francia Internacional sobre “la evolución en la comunicación, Internet y el impacto en los medios de difusión”. Los entrevistados son Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Nuevo Periodismo en Cartagena, y Andrés Cavelier, de FastrackMedia.

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Columna publicada originalmente en Portafolio de Colombia.

Después de 11 años al frente de su revolución, el presidente Chávez finalmente ha resuelto que la Internet y las redes sociales son una amenaza para su proyecto de control dictatorial.

En los últimos tres meses arremetió contra Twitter (diciendo “te metiste conmigo pajarito”) y ha amenazado con regular la web. “Internet no puede ser una cosa libre, donde se haga y se diga lo que sea. No, cada país tiene que poner sus reglas”, dijo recientemente en una de sus alocuciones.

El gobierno chavista también ha jugado con la idea de establecer un punto único de entrada a Venezuela del tráfico de Internet, lo que le permitiría bloquear ciertos sitios o filtrar la información, como lo hacen Cuba o China.

Chávez sabe que el problema que enfrenta es mayúsculo y que las medidas tomadas contra las estaciones radiales y televisoras no le son suficientes.

Veamos. En el 2000, cuando Chávez se estrenaba en el poder, había 950,000 usuarios de Internet, cifra que ya ronda los 8.2 millones. Facebook, que no existía en ese entonces, cuenta con 5.5 millones de usuarios activos en Venezuela.

Y en Twitter crece rápidamente la popularidad de ‘tuiteros’ influyentes que diariamente atacan a Chávez con sus mensajes. La lista la lidera la cadena Globovisión, cuya cuenta @globovision tiene 175,000 seguidores, seguida del humorista Luis Chataing (147,000), los periodistas Nelson Bocaranda (123,000) y Alberto Ravell (113,000), y el diario El Universal (98,000).

Y por supuesto está ElChiguireBipolar.com, el popular sitio de humor que se mofa de Chávez y otros personajes públicos, y que en menos de un año ha atraido a 73,000 seguidores en Twitter.

Lo que está claro hasta el momento es que Chávez no sabe cómo responder la avalacha digital que pide total democracia, apertura y libertad de expresión. Pero ya comenzó a probar suerte.

En sus alocuciones ha dicho que los chavistas tienen que aprender a utilizar Twitter y otras redes sociales, y ha exhortado a sus seguidores a convertirse en “soldados” en la Internet, para que “contraataquen por la vía electrónica”.

La semana pasada, mientras asistía a la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Aruba, vi en acción a los “soldados” cibernéticos chavistas.

Eran alrededor de 12 supuestos periodistas venezolanos, que en vez de hacer periodismo se dedicaron a agredir verbalmente a los directores de medios venezolanos, como Marcel Granier de RCTV, o a grabar en video entrevistas incendiarias para difundirlas por la Internet.

Uno de ellos era Jorge Amorín, un autodenominado “comunidador alternativo”, que dedicó buena parte de su tiempo a publicar en Twitter mensajes como este: “Las mafias de la SIP se revuelcan en sus mentiras”.

Por fortuna Chávez ha llegado tarde a la revolución digital. Le va a quedar muy difícil, sino imposible, callar las voces disidentes en un país donde la penetración de móviles es del 105%. Pero va a intentarlo todo. Continuará luchando por desvertebrar los medios tradicionales. Y solo ahora comienza la guerra digital.

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Columna publicada originalmente en Portafolio de Colombia

El pasado sábado unos 40 voluntarios se reunieron en las instalaciones del Banco Mundial en Washington para colaborar con CrisisCamp Haití, un grupo que conecta por Internet a las organizaciones locales e internacionales que asisten en la recuperación de Haití tras el terremoto del 12 de enero.

La reunión del sábado pronto se convirtió en un CrisisCamp Haití-Chile en respuesta al sismo que había golpeado a este país esa madrugada. Estando en Washington, decidí asistir a la reunión para conocer de primera mano el trabajo de esa organización, que había descubierto el año pasado navegando por la red.

Al llegar me encontré con una pequeña armada de geeks, programadores, especialistas en mapas digitales, traductores y ciudadanos carentes de habilidades técnicas, pero deseosos en ayudar. Cada cual trabajaba en su computador portátil.

Entre quienes conocí estaban Heather Blanchard y Noel Dickover, dos de los cofundadores, junto con Andrew Turner, de CrisisCommons, una organización fundada en marzo del 2009 para conectar por la web a voluntarios, organizaciones de rescate, agencias de ayuda internacional, las ONG y el sector privado.

CrisisCommons es precisamente la organización madre de los CrisisCamps. A la fecha se han realizado unos 45 CrisisCamp Haití en ciudades como Washington, San Francisco, Chicago, Miami, Seattle, Toronto, Londres, Wellington (Nueva Zelanda) y Bogotá.

Y ahora comienzan los CrisisCamp Chile, como el que está programado para el próximo sábado en Washington, con el apoyo del Banco Mundial y otras instituciones. En esencia, el objetivo de estos Camps es facilitar la comunicación entre organizaciones locales e internacionales. El epicentro de la comunicación se da lugar en una Wikipedia especial desde donde se establecen grupos de trabajo por tema, proyecto o región geográfica.

Uno de los principales proyectos es la agregación de información vital a mapas digitales de los sitios de desastre. Esto lo hacen colaborando con OpenStreetMap, un sitio en Internet que permite editar y enriquecer mapas a través de la web.

El sábado, cuando asistí al CrisisCamp, me senté al lado de Felipe Hall, un voluntario colombo-americano que estaba ayudando a actualizar una base de datos de medios de comunicación en Chile. Muy sorprendido, se volteó y me dijo que había más de 800 personas alrededor del mundo trabajando de manera simultánea en la misma base de datos.

Esta anécdota habla del poder y alcance de CrisisCommons, una organización que está utilizando la inmediatez y globalización de la Internet y los celulares para unir, sin costo o estructura física alguna, a grupos o personas que se pueden ayudar entre sí. “Es un nuevo paradigma”, explica Blanchard, una de sus fundadores. “Estamos ante un movimiento realmente global”.

Hace un año escribía en estas páginas sobre crowdsourcing, una filosofía de trabajo que estimula la colaboración entre grupos de personas para la resolución de problemas que individuos o compañías no pueden resolver por su cuenta. CrisisCommons está justamente basado en el novedoso y eficaz concepto de crowdsourcing.

Vemos así cómo comienza a cambiar la manera de organizar ayuda internacional utilizando la web y sus herramientas interactivas.

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