Tras celebrarse la conferencia anual de la WAN (World Association of Newspaper) en Gutemburgo, Suecia, parece que han disminuido las tensiones generadas por la expansión del periodismo digital y el acorralamiento de las ediciones impresas.

Gavin O’Reilly, Gavin O’Reilly, quien es el presidente de esta asociación, comparó los pronósticos sobre la desaparición de los medios impresos por el incremento de los virtuales con los que alguna vez surgieron con el aparecimiento de la radio y la televisión. Esto, para concluir que al final de cuentas es posible llegar a una “convivencia” de los medios, y que las empresas periodísticas deben “administrar para el éxito, pero nunca para la desaparición”.

Dando por hecho que los públicos se han abocado frente a las pantallas de los computadores en vez de a las hojas del periódico, hace un tiempo se empezó a oír en las salas de redacción de los grandes diarios la palabra “convergencia”, que más allá de un concepto se define como una actitud. Actitud de cambio, de asumir los nuevos roles e instrumentos tecnológicos que deben adoptarse en relación con las fluctuantes necesidades de los públicos… en definitiva, de enfrentar riesgos ante la irrupción cada vez más legítima de los nuevos medios.

Entonces, ya con las empresas informativas y sus salas de redacción tendiendo hacia la integración de lo web y lo impreso, una cuestión estética parece importar -no sólo en los estilos periodísticos de quienes escriben- sino también en los muros, equipos y ambientes de las salas de redacción.

Ricardo Kirschbaum, de Clarín.com, llama la atención sobre los cambios arquitectónicos como una consecuencia de la convergencia que hemos venido tratando: “Hay, entonces, una tendencia a que la sala de redacción refleje el clima de época, el salto tecnológico, la utilización de herramientas distintas, el ingreso al periodismo multimedial”.

Por otro lado, Fernán Saguier, de la Nación.com.ar, afirma que la triada del éxito para las ediciones impresas en la actualidad consta de “Sorpresa, profundidad y agenda propia”. Partiendo de esta premisa, define como fundamentales otros recursos estéticos como “un diseño energizante que nos haga ágiles y fáciles de leer”; invita a escribir con técnicas estilísticas que le otorguen “prosa musical y elegante” a los relatos y conserven la atención del lector y, además, solicita incluir “una dosis indispensable de sorpresa” para pellizcar al público.

Sin duda estos dos últimos aspectos podrían guiarse por una brújula cuyo norte sea el periodismo narrativo o literario. Las otras características que rescata Saguién son la exclusividad, la profundidad, el análisis y la opinión. A mi modo de ver, hace falta retornar a dos géneros que por su belleza y riqueza se resisten a morir: la crónica y el reportaje.

Si está visto que las noticias escuetas son más concurridas por los lectores en la Internet, ¿qué objeto tiene que los diarios impresos las repitan? Personalmente, me acerco a los diarios en la búsqueda de detalles, de profundidad y de asuntos “entre líneas” pero, sobre todo, esperando hallar historias dignas de recapitularse en libros, cuyo ritmo narrativo sea acorde con la verdad de los hechos, en que la palabra escrita dé color como no lo podría hacer una fotografía, un infográfico o un audiovisual.

Habrá que esperar hasta qué punto -dentro de este asunto de la convergencia- los medios impresos pedalean para equiparar la carrera. Y ya que en la conferencia anual de la WAN se mostró que los miedos se dilatan en relación con la desaparición de los dichos medios, sería interesante pensar –ya sin temores- en una evolución de la palabra impresa que, dentro de la integración, haga la diferencia. Esto para que la tan mencionada convergencia sea un acuerdo entre parte y parte, y no simplemente un esfuerzo de los medios impresos por adaptarse al mundo digital en un intento por sobrevivir.

Laura Camila Caro Salcedo / Medellín