En 1864 Emilio Nobel murió por culpa de una explosión de nitroglicerina. A causa de esto su hermano Alfred Nobel[1] trabajó durante tres años en un invento que hiciera manipulable este explosivo para evitar que accidentes como ese, le quitaran la vida a más personas. Así fue como creó la dinamita en 1867.

Sin embargo, la sociedad no recibió esta creación más que como una contribución a la guerra, lo que hizo que este fuera un hombre odiado públicamente en vida, aunque su legado después de muerto fuera un reconocimiento para las personas que le hicieran un bien al mundo.

Traigo este pasaje histórico a colación porque nos recuerda cómo un avance tecnológico no determina nada por sí mismo, sino en el contexto y la interacción con el ser humano.

Lo realmente relevante de la Red, como en su momento fue la dinamita, no es el avance de la ciencia y la tecnología, sino el cómo ese avance cambia la vida de las personas. Por eso considero pertinente pasar esta vez por encima de esos discursos apologéticos y futuristas, que hablan de qué más novedades vendrán, para empezar a pensar en nuevos escenarios en los que se encontrará la humanidad como consecuencia de esas maravillas que ya existen y las que están por venir.


La masificación y la educación

En un futuro no muy lejano puede ser que Internet cuente con los avances tecnológicos para prácticamente pensar por sí misma, pero más allá de eso es muy probable que contemos con una red verdaderamente universalizada y democrática que, aprovechando eso, pueda brindar educación  a personas en cada rincón del mundo.

Desde ya existen iniciativas en las cuales las personas de menos recursos pueden acceder de forma gratuita o muy económica a la Red y así educarse y abrir nuevas perspectivas y puntos de vista que antes le fueron negados.

La imprenta en su momento fue una gran invención, “una revolución en la creación y distribución del conocimiento”, en palabras de Cobo[2]. Pero sólo ahora sabemos que su real aporte fue propiciar la ilustración del ser humano, permitir que el mundo accediera al saber y así pudiera desarrollar conocimientos que hasta el momento eran inimaginables.

Creo que en un futuro entenderemos que la Red no iba a cambiar la forma de hacer las cosas, si no la concepción que tendremos del mundo a través de las cosas que hacemos.


La globalización del pensamiento

Es muy común que cuando pensamos en globalización, lo que se nos venga a la mente sea normalmente una economía universal, una expansión del conocimiento y la idea avasallante de un mundo enorme y desconocido en el que los países están cada vez más cerca y los desniveles socioeconómicos y las fronteras son tal vez más claros.

Sin embargo, el futuro promete una conciencia que al hombre de la actualidad le es esquiva: la conciencia del planeta, o la conciencia cósmica, como llamaba el filósofo Fernando González a la capacidad de entender el universo como un todo y pensar en su beneficio.

En la actualidad somos conscientes de que la Red nos permite conocer el mundo entero “a un click de distancia”, como dice una gastada frase. Pero en un futuro, para las generaciones que crecerán conociendo un mundo en el que todo queda a la vuelta de la esquina, este conocimiento será la clave de un nuevo orden en el que el contexto de una persona no será su ciudad sino el planeta entero, una nueva comprensión de los sentires de otras personas de culturas dispares, lo que será un gran paso hacia la paz, o hacia más guerra.

Fernando González decía que sólo los sabios podían acceder a una conciencia completa del mundo y aseguraba que “Indudablemente lo que más ha impedido al hombre, en cierto modo, el ascenso a la conciencia cósmica ha sido el lenguaje, que es limitador y separador de individualidades”[3]. Sin embargo, en la actualidad podemos acceder a un conocimiento global por medio de un nuevo lenguaje: el hipertexto, como un conector ilimitado de ideas y mensajes.

Una vez leí en alguna parte que para llegar a una nueva lógica basada en un medio, primero había que pasar por una etapa de aprendizaje técnico, creo que por eso estamos deslumbrados ante las nuevas herramientas que tenemos a mano, pero próximas generaciones habrán experimentado cambios en su esencia misma.

Por eso no me preocupa si en 10 años la Internet puede “interpretar información y tomar decisiones”[4] o si el papel desaparece; yo creo que llegará un día en el que no nos deslumbre tanto lo instrumental de la Red y empezaremos a darle un enfoque más social, a construir tejido humano alrededor de ese tejido de cable coaxial y fibra óptica.

Laura Camila Caro Salcedo / Medellín

Bibliografía y cibergrafía

·         GONZÁLEZ, Fernando. Mi Simón Bolívar. Bedout: 1969. 258 páginas.

·         Alfred Nobel Timeline. http://nobelprize.org/alfred_nobel/timeline/index.html

·         CODINA, Lluis y ROVIRA, Cristòfol. La Web Semántica.

·         COBO, Cristóbal. Web 2.0: un cerebro digital en crecimiento.


[2] COBO, Cristóbal. Web 2.0: un cerebro digital en crecimiento.

[3] GONZÁLEZ, Fernando. Mi Simón Bolívar. Bedout: 1969. 258 páginas.

[4] CODINA, Lluis y ROVIRA, Cristòfol. La Web Semántica.