Mientras se avecina la extinción de la Enciclopedia Encarta, se concibe la Biblioteca Mundial Digital para el acceso a distintos formatos de información sobre los 5 continentes. Que un esfuerzo tal haya sido realizado no implica su permanencia ni una democratización mundial del conocimiento, como podría hacerse ver.

Es una especie de muletilla o de lugar común que se hable de Sociedad del Conocimiento para denominar esta época en que muchas de nuestras relaciones y procesos son mediadas por Internet y otras tecnologías. Otros autores más sensatos piden mayor claridad conceptual o, por lo menos, “bajar” el rótulo a Sociedad Red, por ejemplo.

No obstante, la conectividad no necesariamente garantiza la apropiación de la Internet; es algo en lo que en varios artículos he venido insistiendo. Esta semana, con Día Mundial de la Tierra a bordo, pensaba en cuánto menos contaminación habría si aumentara el flujo de teletrabajadores en detrimento de los desplazamientos en automóvil. Pero no olvidemos que la tarea no es fácil, menos aún en nuestros países de “tercer rango”.

La razón: está la Red para todos, pero no todos tienen cómo acceder a ella. Por eso, grandes acontecimientos como el lanzamiento de la Biblioteca Digital Mundial son vedados para muchos, muy a pesar de la democratización del conocimiento que algunos rezan desprevenidamente.

Bueno, eso no es nada nuevo: se sabe que, internacionalmente, una minoría que está en Internet es la que gobierna sobre la otra mayoría. Pues “nada qué hacer”, piensa uno a veces; pero queda el saborcito de que un acontecimiento así debería beneficiar a mucha más gente, porque el conocimiento es la clave para superar toda situación de inequidad.

En resumen, acerca de la Biblioteca Digital Mundial, está concebida por la UNESCO, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (la de mayor ejemplares en el mundo) y otra treintena de organizaciones con el ánimo de aportar al intercambio cultural, al cierre de “brechas” del conocimiento y al fomento de material académico de calidad en la Red.

Ojalá que esta suma de dinosaurios cuyos esfuerzos se ven materializados en la BDM puedan aportar a la gestión de conocimiento, a pesar del riesgo que es siempre latente en Internet: que lleguen terceros -quizá menos poderosos- pisando más fuerte entre los internautas (sin olvidar la wikipedia-ción que sigue en aumento).

Laura Camila Caro Salcedo / Medellín