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Journalist, digital media specialist Hispanic market

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Andrés Cavelier (@acavelier)

Hace dos semanas se desencadenó en Estados Unidos una disputa entre Apple y el FBI de tal magnitud, que su desenlace puede marcar el nivel de privacidad que gozaremos en el futuro todos los que tenemos un teléfono inteligente, o que utilizamos las redes sociales y la internet.

El debate se encendió luego de que una jueza, por solicitud del FBI, ordenó a Apple a desbloquear el iPhone 5C de Syed Farook, uno de los asaltantes que mató a 14 personas en un ataque terrorista en diciembre en San Bernardino, California.

Farook murió en el ataque y ahora el FBI tiene el iPhone en su posesión, pero no tiene cómo acceder a su información para continuar la investigación del caso. Este tipo de iPhone, por ser de los últimos, trae una capa extra de protección para los contenidos.

Apple respondió que no acatará la orden y optó por defenderse en los medios, propiciando un debate en el Congreso. “Esto se trata de mucho más que un teléfono o de una sola investigación”, dijo Tim Cook, el CEO de Apple. “Se trata de la seguridad de los datos de millones de ciudadanos que respetan las leyes, y representa un precedente peligroso que amenaza las libertades civiles de todos”. Y explicó a la cadena ABC que escribir el software que solicita el FBI es como crear un cáncer para todos los iPhones, ya que haría vulnerable el sistema de seguridad de Apple a los ataques de hackers y criminales.

Apple sostiene que la orden judicial atenta contra la privacidad y seguridad de los datos personales de los usuarios de los iPhone. Y el FBI argumenta que solo está pidiendo desbloquear un teléfono para poder adelantar una investigación de terrorismo.

El caso es histórico porque enfrenta a la segunda compañía más grande del mundo, respaldada por gigantes como Google, Facebook, Twitter y Yahoo, contra el gobierno más poderoso del globo, representado por el Departamento de Justicia, las agencias de inteligencia y la Casa Blanca.

No es un caso aislado. Es la puesta en escena de un debate profundo y complejo que se viene cocinando en los últimos años entre los visionarios tecnológicos, que le apuestan a la encriptación de los datos para proteger la seguridad personal digital, y las autoridades estadounidenses que se quejan de que los adelantos tecnológicos los están obligando a investigar a oscuras (going dark) casos de terrorismo que amenazan su capacidad de vigilancia.

También hay casos en otros países. Esta semana, la Policía brasileña arrestó al máximo ejecutivo de Facebook en ese país por no entregar información de un mensaje de WhatsApp solicitado por un juez en el marco de una investigación de narcotráfico.

Nuestra privacidad está bajo amenaza

Expertos como Julián Sánchez, del Cato Institute y coautor de un estudio publicado en febrero por la Escuela de Leyes de la Universidad Harvard, advierten que en un futuro, cuando otros aparatos que utilizamos a diario se conecten a la internet, ejemplo una televisión inteligente, las autoridades crearán una red global de vigilancia para rastrear los datos de nuestras actividades.

Nuestra privacidad está bajo amenaza. La tarea ahora es encontrar un balance entre el derecho a la seguridad digital de cada persona y la capacidad de los gobiernos de acceder a esa información para investigar crímenes. Esto apenas comienza.

Fuente: consumocolaborativo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Andrés Cavelier (@acavelier)

Hace unas semanas, la automotriz Ford hizo un anuncio de que va a competir en Estados Unidos con Uber a través de un nuevo servicio de carro compartido. Y solo días después, General Motors dio a conocer una inversión de 500 millones de dólares en Lyft, la competencia de Uber. ¿Qué está pasando acá? ¿Por qué están tan interesados estos dos gigantes en emprendimientos que hace unos años ni existían?

La respuesta es que ambas empresas han entendido algo que muchas otras aún no comienzan ni a procesar. Que la revolución de la economía colaborativa, también llamada sharing economy, es real, disruptiva, inatajable y prometedora. Forbes calcula que el tamaño de este sector es de 3.500 millones de dólares y analistas calculan que podrían llegar a 110 mil millones de dólares.

La economía colaborativa se basa en el acceso sobre la propiedad (compartir lo que tenemos en vez de comprar más bienes) y en maximizar activos subutilizados, ya sea un carro, una habitación, nuestro tiempo, habilidades o conocimientos. Rachel Botsman, una de las pioneras de esta revolución, sostiene que mantener un carro cuesta 8.000 dólares al año y, sin embargo, pasa en promedio 23 horas al día estacionado.

Si usted ha utilizado servicios como Uber, Airbnb, eBay, MercadoLibre, Craigslist, TaskRabbit, Kickstarter, Elance o Coursera, ya se ha beneficiado de la economía colaborativa. Y si no los ha usado, ¡pronto lo hará! Esta no es una revolución de los países industrializados, es un fenómeno global. Y América Latina no está exenta.

De Argentina viene Idea.me, un servicio de financiamiento colectivo que ya opera en 6 países latinoamericanos, incluida Colombia. En México, la firma francesa BlablaCar adquirió en el 2015 a Aventones, dueña de la startup de auto compartido Rides. Y un guatemalteco, Luis von Ahn, es el fundador de Duolingo, el servicio gratuito para aprender idiomas más innovador que existe, que se basa en un lucrativo modelo de crowdsourcing.

Mercado colombiano, incipiente

El mercado colombiano es aún muy incipiente, pero cada vez más activo. Gustavo Palacios, un bogotano que impulsa este nuevo modelo desde su emprendimiento Sharecollab.co, realizó un primer mapeo nacional de iniciativas de economía colaborativa, que incluye a EasyWay (carpooling), Pedaleando por Bogotá (bikesharing), HubBOG y AtomHouse (co-working), Lenddo (microcrédito), Donacción y Little Big Money (crowfunding), para mencionar algunas. Y a estos súmele WeSura, el primer servicio de seguros basado en un modelo de comunidad que acaba de introducir el Grupo Sura.

Pero la lista se agota rápidamente. ¿La razón? Las barreras de entrada son considerables. Albert Cañigueral, conector para España y América Latina de la organización OuiShare, que se dedica a la promoción de la economía colaborativa a nivel global, explica que algunas de estas barreras son la falta de confianza por parte de los usuarios, carencia de medios de pago, por la baja bancarización, y la barrera tecnológica, ya que para consumir estos servicios se requiere de conocimientos técnicos básicos.

Y a estos obstáculos, súmele los retos legales de una industria naciente, que algunos quieren regular con esquemas anticuados que protegen viejas industrias y modelos, cuando lo que se necesita es allanar el camino para darle paso a la innovación. La economía colaborativa ha llegado para quedarse. Úsela, intente entendarla y piense cómo puede adaptarla a su trabajo.

El futuro de los trabajos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Andrés Cavelier (@acavelier)

El World Economic Forum acaba de publicar en su reunión anual, en Davos, el informe ‘El futuro de los trabajos’. Si bien en el pasado han sido divulgados otros estudios sobre el tema, este cristaliza la velocidad con que está cambiando el mercado laboral, por la disrupción tecnológica y varios factores sociales, y hace un llamado a las empresas para que tomen medidas inmediatas para prepararse a la revolución del talento.

Según el informe, la digitalización de la industria –la llamada ‘Cuarta Revolución Industrial’– llevará en el 2020 a la desaparición de 7,1 millones de trabajos en el mundo, mientras que se crearán apenas dos millones de nuevas posiciones, resultando en una desaparición neta de cinco millones de trabajos.

Y hace un pronóstico impactante: “el 65 por ciento de los niños que hoy entran a la escuela primaria terminarán haciendo trabajos totalmente nuevos que no existen hoy”.

La mayoría de trabajos que se perderán son de tipo administrativo y de oficina, mientras que los nuevos aparecerán principalmente en operaciones de negocios y financieros, puestos gerenciales, computación y matemáticas, arquitectura e ingeniería, ventas y educación. A su vez, destaca dos tipos de trabajos que serán muy importantes en el 2020: analistas de datos para que ayuden a las empresas y gobiernos a tomar mejores decisiones, y representantes de ventas especializados para ayudar a comercializar toda clase de productos.

La creación de este tipo de trabajo ya es real. Por ejemplo, el banco BBVA está haciendo una apuesta importante por el procesamiento masivo de datos, o big data, para entender mejor a sus clientes.

¿Cuáles serán las habilidades más apetecidas en cinco años? Curiosamente no se trata de habilidades técnicas como saber programar, sin duda son importantes, sino de habilidades sociales, como la creatividad, la persuasión, la inteligencia emocional o la flexibilidad cognitiva. Traducido, se van a necesitar menos cabezas duras, más innovadores y más trabajadores con capacidad para relacionarse y entender los sentimientos de los demás.

Recomendaciones para las empresas

Las empresas en todas las industrias están obligadas a reformular de manera estratégica sus políticas laborales. Por eso, a continuación comparto algunas recomendaciones del tipo de acciones que las empresas deben tomar, basado en ‘El futuro de los trabajos’, en el estudio Changing roles: How technology is transforming business functions, del Economist Intelligence Unit, y en mis interacciones con clientes internacionales.

  • Promover que sus empleados adquieran nuevas habilidades. Por ejemplo, tomar Cursos Masivos Abiertos en Línea (Mooc).
  • Ofrecer trabajos flexibles a sus empleados y permitirles rotar trabajos o trabajar desde casa.
  • Promover la colaboración entre equipos, para atraer a la generación de los Millennials, así como la colaboración con instituciones públicas y del sector educativo.
  • Aprovechar el talento de freelancers que ofrecen sus servicios a través de plataformas como Freelancer, Elance o Workana, y aprender a manejar proveedores en línea y a distancia.
  • Atraer talento diverso. Contrate más mujeres y más extranjeros que aporten valor.
  • Reinventar su departamento de recursos humanos y convertirlo en un brazo estratégico de su empresa.

Ha llegado el momento hacerse al mejor talento si quiere navegar con éxito la nueva revolución industrial.

Publicada originalmente en Portafolio.