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Hemeroteca de la sección “Convergencia”


Columna publicada originalmente en Portafolio de Colombia

El pasado sábado unos 40 voluntarios se reunieron en las instalaciones del Banco Mundial en Washington para colaborar con CrisisCamp Haití, un grupo que conecta por Internet a las organizaciones locales e internacionales que asisten en la recuperación de Haití tras el terremoto del 12 de enero.

La reunión del sábado pronto se convirtió en un CrisisCamp Haití-Chile en respuesta al sismo que había golpeado a este país esa madrugada. Estando en Washington, decidí asistir a la reunión para conocer de primera mano el trabajo de esa organización, que había descubierto el año pasado navegando por la red.

Al llegar me encontré con una pequeña armada de geeks, programadores, especialistas en mapas digitales, traductores y ciudadanos carentes de habilidades técnicas, pero deseosos en ayudar. Cada cual trabajaba en su computador portátil.

Entre quienes conocí estaban Heather Blanchard y Noel Dickover, dos de los cofundadores, junto con Andrew Turner, de CrisisCommons, una organización fundada en marzo del 2009 para conectar por la web a voluntarios, organizaciones de rescate, agencias de ayuda internacional, las ONG y el sector privado.

CrisisCommons es precisamente la organización madre de los CrisisCamps. A la fecha se han realizado unos 45 CrisisCamp Haití en ciudades como Washington, San Francisco, Chicago, Miami, Seattle, Toronto, Londres, Wellington (Nueva Zelanda) y Bogotá.

Y ahora comienzan los CrisisCamp Chile, como el que está programado para el próximo sábado en Washington, con el apoyo del Banco Mundial y otras instituciones. En esencia, el objetivo de estos Camps es facilitar la comunicación entre organizaciones locales e internacionales. El epicentro de la comunicación se da lugar en una Wikipedia especial desde donde se establecen grupos de trabajo por tema, proyecto o región geográfica.

Uno de los principales proyectos es la agregación de información vital a mapas digitales de los sitios de desastre. Esto lo hacen colaborando con OpenStreetMap, un sitio en Internet que permite editar y enriquecer mapas a través de la web.

El sábado, cuando asistí al CrisisCamp, me senté al lado de Felipe Hall, un voluntario colombo-americano que estaba ayudando a actualizar una base de datos de medios de comunicación en Chile. Muy sorprendido, se volteó y me dijo que había más de 800 personas alrededor del mundo trabajando de manera simultánea en la misma base de datos.

Esta anécdota habla del poder y alcance de CrisisCommons, una organización que está utilizando la inmediatez y globalización de la Internet y los celulares para unir, sin costo o estructura física alguna, a grupos o personas que se pueden ayudar entre sí. “Es un nuevo paradigma”, explica Blanchard, una de sus fundadores. “Estamos ante un movimiento realmente global”.

Hace un año escribía en estas páginas sobre crowdsourcing, una filosofía de trabajo que estimula la colaboración entre grupos de personas para la resolución de problemas que individuos o compañías no pueden resolver por su cuenta. CrisisCommons está justamente basado en el novedoso y eficaz concepto de crowdsourcing.

Vemos así cómo comienza a cambiar la manera de organizar ayuda internacional utilizando la web y sus herramientas interactivas.

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Columna publicada originalmente en Portafolio de Colombia

Si bien recuerdan, en la película 2001: A Space Odyssey, que Stanley Kubrick dirigió en 1968, aparece una escena futurista en la que Dave Bowman mira un video a través de una tableta. En esa época todavía no existían ese tipo de computadores, pero ya surgían las primeras propuestas, como el Dynabook de Alan Kay.

Durante estos 40 años han salido al mercado innumerables modelos de tabletas, desde el Apple Newton hasta el Tablet PC de Microsoft. Todos fracasaron por no ser suficientemente útiles o atractivos para los usuarios, hasta que en el 2007 Amazon lanzó el Kindle, el lector de libros electrónicos, que ha vendido 3 millones de unidades.

Desde entonces se ha desatado una guerra por el mercado de los lectores de libros, con la llegada de productos como el Nook de Barnes & Noble y el Sony Reader, diseñados principalmente para comprar y leer libros.

Pero nunca antes había salido al mercado una tableta tan atractiva y completa como el iPad de Apple, que Steve Jobs lanzó la semana pasada.

En los días siguientes a la presentación de Jobs, le llovieron las críticas. Que no tiene cámara, que no soporta video en flash, que no tiene USB, que no se diferencia lo suficiente del iPhone. Estoy en desacuerdo con quienes han redactado el obituario del nuevo aparato.

Lo que hay que entender es que el iPad marca, después de 40 años de maduración, el arribo para siempre de la tableta como una de las principales plataformas móviles de consumo de información y entretenimiento. No reemplaza al celular o al computador portátil. Es una nueva opción para cierto tipo de personas.

Para mi, el iPad suple una necesidad muy particular: permite el consumo fácil y agradable de todo tipo de medios -texto, imágenes, video, audio- desde un sólo aparato conectado a Internet, que es mucho más móvil que un portátil (es más delgado y pesa 1.5 libras) y con mayores posibilidades gráficas que un celular (por el tamaño de su pantalla).

Quiéranlo o no, el iPad va acelerar el cambio de la industria editorial que inició el Kindle. Con el lanzamiento del iBookstore, una librería para libros parecida a iTunes, Apple se va a apoderar en unos pocos años de un trozo envidiable de los ingresos mundiales de la venta de libros.

El primer round post iPad de la guerra entre eReaders se dio el fin de semana cuando Macmillan, unas de las mayores editoriales, se negó a continuar aceptando los términos de negocio impuestos por el Kindle de Amazon.

La posibilidad de desarrollo de nuevas aplicaciones para el iPad, conocidas como ‘Apps’, es otra clara ventaja de esta tableta sobre otras en el mercado. ¿Se imaginan ustedes la maravilla de juegos, servicios o destinos noticiosos que van a ser creados para el iPad en los próximos años?

El iPad pronto va a tener compañía. Ya vienen las tabletas de Microsoft y Google. Habrá una competencia feroz. Gane quien gane, la tableta está para quedarse.

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Columna publicada originalmente en Portafolio de Colombia

En la última semana, desde que Puerto Príncipe fue destruido por un terremoto de magnitud 7.0, la Cruz Roja Americana ha recaudado 103 millones de dólares en ayuda, incluidos 22 millones a través de donaciones de 10 dólares cada una, realizadas por medio de mensajes de texto por celular.

Al menos otras 15 organizaciones en Estados Unidos, como la Yele Haiti, Care y la Clinton Foundation, y otras en Canadá y Europa, han lanzado exitosas campañas de recaudación a través de dispositivos móviles.

Por ahora no se sabe cuánto dinero ha ingresado en total, pero la sola cifra de la Cruz Roja demuestra que los medios digitales y el creciente uso de redes sociales como Twitter, Facebook y YouTube han transformado para siempre las estrategias tradicionales de recaudación de fondos para campañas y desastres naturales.

En 2005, cuando el huracán ‘Katrina’ golpeó Nueva Orleans, sólo 250,000 dólares fueron recolectados a través de móviles. En ese año, Facebook apenas nacía y Twitter no existía.

La campaña Keep a Child Alive, para combatir el Sida en África, uno de los principales esfuerzos de recaudación por móviles previo a Haití, reunió 450,000 dólares.

La posibilidad de donar fondos a través de mensajes de texto existe desde hace muchos años. Pero nunca tuvo semejante alcance.

Lo que hizo la diferencia en esta ocasión fue el impacto mediático generado por medios tradicionales como CNN, que ha hecho eco permanente a las campañas de la Cruz Roja y Unicef, en sintonía con el de nuevos medios como Facebook.

En la última semana era prácticamente imposible no enterarse a través de la Internet, radio o televisión de las opciones para realizar donaciones.

Facebook, una red con 350 millones de usuarios alrededor del mundo, ha jugado un papel clave para ubicar a personas en Haití y mantener alerta a millones de internautas sobre la crisis haitiana.

Twitter, una red considerablemente más pequeña, ha sido motor vital para la difusión de esfuerzos humanitarios. Millones de personas han publicado o reenviado enlaces como este: “Haití necesita nuestra ayuda. Envíe la palabra Haití al 90999 y done 10 dólares”.

De todos los ‘tuiteros’, quizás el que más ha sonado en estos días es el rapero Wyclef Jean, nativo de Haití, que ha utilizado su fundación Yele Haiti y sus 1,3 millones de seguidores en Twitter para recaudar fondos.
Hasta la llegada masiva de las redes sociales era prácticamente imposible que una sola persona realizara, en cuestión de días, una campaña como la de Jean.
YouTube también ha hecho su parte. La primera dama, Michelle Obama, publicó un video en esa red en la que exhorta a los estadounidenses a donar fondos a la Cruz Roja.

Google, el grande de la Internet, también ha facilitado las donaciones a Care y Unicef desde una página que creó para ayudar a la crisis haitiana.

La crisis haitiana nos duele y estremece. Pero al menos la utilización inteligente de nuevas tecnologías nos ha permitido socorrer con mayor rapidez y efectividad a nuestros hermanos haitianos.

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